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ISSN 1989-4163

NUMERO 07 - NOVIEMBRE 2009

 

La Obra de Rafael Bestard

Inés Matute

Algo tiene la obra de Rafael Bestard para que una vez contemplado uno de sus cuadros, sientas la necesidad de saber más de este artista, de su obra, de su peculiar imaginario. Yo tuve la suerte de conocerle hace años, en Palma de Mallorca, e incluso de llegar a cultivar una cierta amistad. Y digo “cierta amistad” porque como todo artista que se precie, Rafael es huidizo y prefiere vivir al margen de vernissages y copichuelas en lugares donde los creadores se hacen visibles y cercanos; en ocasiones, incluso demasiado. Sobre todo, si el alterne obliga al compadreo con políticos de todo pelaje, algo a lo que él parece refractario.

Ajeno a los dictados del mainstream, Bestard recrea como nadie el mundo de la infancia y los paraísos perdidos en escenas altamente inquietantes, incómodas incluso en algunas de sus obras. Se trata de inmensas telas que, más allá del impacto visual, demuestran su maestría en el manejo del color, el dibujo, la composición y la técnica. Así las cosas, no es raro que acumule premios y distinciones con una modestia que, en su caso, nada tiene de fingida. El trabajo en él es reto y es disfrute sin dejar de ser investigación, y el resultado de sus larguísimas sesiones de pincel, una delicia para nuestros sentidos.

Extrañas caperucitas, glaciares Alicias replicadas, arrebatadas florestas, conejos y lobos en actitudes chocantes se erigen los reyes de un animalario que nos transporta al origen de los tiempos.  Pese a todo, agujeros negros que absorben el menor indicio de ingenuidad.

Observando con detenimiento sus cuadros, nos sentimos transportados al corazón de un cuento extraño que no acaba de narrarse, donde los personajes nos resultan familiares sin ser conocidos, y las escenas van desde lo premonitorio a lo ya sentenciado. La vida, la muerte, el sexo y la naturaleza irreverente, bosques metafóricos y bestias del inconsciente, todo sirve para conectar con el apabullado espectador que se deja conducir de un título a otro fascinado e indefenso. Rafael parece encontrar su inspiración allá donde el sueño se convierte en pesadilla, o al revés. Su sello - ¿su mirada?- es inconfundible.

Aquí os ofrecemos un pequeño slide con sus obras, su personalísimo catálogo de elucubraciones. Os va a gustar.

 
 

 

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